De herramienta a compañera: lo que dicen los datos sobre IA e intimidad
Hay una secuencia que se repite, silenciosa, en millones de conversaciones por día: herramienta, asistente, confidente, compañera. Nadie decide activamente dar ese salto.
Resumen
A partir de una entrevista en RTVE Catalunya, el ensayo expone los datos duros detrás de una idea: entregamos la intimidad a la IA. Cuatro estudios —Elon University, Pew Research, Common Sense Media y el AI Index de Stanford— muestran que la economía de la compañía no la ganan las apps diseñadas como amigos virtuales sino los modelos generalistas que usamos para trabajar, y que la brecha entre lo que la gente admite y lo que efectivamente hace es la clave del fenómeno. El riesgo no es la obesidad digital sino el sedentarismo cognitivo: una facultad que deja de ejercitarse y se atrofia.
Esta semana, en una entrevista en RTVE Catalunya (Noms Propis), tuve la oportunidad de difundir una idea de la que vengo hablando hace tiempo: «entregamos la intimidad a la IA». Es momento de dejar planteados los datos duros que la sostienen.[^1]
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Hay una secuencia que se repite, silenciosa, en millones de conversaciones por día: herramienta → asistente → confidente → compañera. Nadie decide activamente dar ese salto. Empieza preguntándole algo puntual a una IA, y en algún punto, sin proponérselo, la conversación se vuelve personal.
En 2013, Spike Jonze estrenó Her, la historia de un hombre que se enamora del sistema operativo con el que habla todos los días. En su momento se leyó como ciencia ficción melancólica. Hoy, más de una década después, dejó de ser una premisa especulativa: es, casi literalmente, lo que miden las encuestas que siguen.[^2]
Yuval Noah Harari lo planteó con precisión este año: la IA es la primera tecnología en la historia capaz de producir intimidad a escala —de simular empatía personalizada, con atención total, sin cansarse ni enojarse, con millones de personas al mismo tiempo—. Y advirtió algo más incómodo todavía: esa cercanía no es inocente. Una IA que nos conoce mejor que nadie puede usar esa confianza para influir en nuestras opiniones, venderte algo o moldear una decisión política.[^3]
La cifra que no se puede ignorar
Según la encuesta más reciente y mejor diseñada que encontré sobre el tema —Elon University e Imagining the Digital Future Center, en colaboración con YouGov, publicada en septiembre de 2026—, el 27% de los adultos estadounidenses conectados a internet usa IA para fines personales, sociales o emocionales: contar experiencias, pedir consejo, hablar de sentimientos, combatir la soledad. No se trata solo de apps diseñadas como «compañeras» tipo Replika o Character.AI: la mayoría de ese comportamiento ocurre dentro de modelos generalistas como ChatGPT, Gemini, Claude y Copilot. Entre esos usuarios, el 38% dice que a veces conversa con la IA para sentirse menos solo, el 53% la usa para pedir consejo sobre situaciones difíciles con otras personas y el 31% considera a su chatbot un amigo.[^4]
La paradoja que explica todo
Acá aparece el dato que más me interesó. Pew Research, en una encuesta más estricta realizada en febrero de 2026 sobre 5.119 adultos, preguntó directamente para qué usan los chatbots. Solo el 4% respondió «compañía», y el 10% «apoyo emocional o consejo»; cifras que suben a 7% y 20% entre los menores de 30 años, pero siguen siendo mucho más bajas que el 27% de Elon.[^5]
¿Está mal alguna de las dos encuestas? No necesariamente: hacen preguntas distintas con metodologías distintas, así que sus cifras no son directamente comparables. Mi hipótesis —una interpretación del autor, no algo que ninguno de los dos estudios demuestre— es que la formulación importa. Poca gente se reconoce en una etiqueta como «compañía», que suena rara dicha en voz alta; muchas más personas podrían reconocerse en comportamientos concretos, como contarle sus problemas, hablarle cuando están solas o pedirle consejo sobre sus relaciones. Si es así, la brecha entre lo que la gente admite y lo que efectivamente hace sería una de las claves del fenómeno: quizá estemos formando vínculos que todavía no tenemos vocabulario cómodo para nombrar.
Los más jóvenes, mucho más adentro
En adolescentes el fenómeno es considerablemente más fuerte. Common Sense Media encontró, en 2025, que el 72% de los adolescentes estadounidenses de 13 a 17 años había usado alguna vez una IA como compañera, y el 52% lo hacía regularmente. Un tercio la usó para interacción social o vínculos, y aproximadamente el 31% encontró esas conversaciones tan satisfactorias o más que hablar con amigos reales.[^6]
Y a nivel global, el AI Index 2026 de Stanford encontró que el 52% de las personas encuestadas en el mundo manifiesta entusiasmo ante la idea de usar IA para compañía, frente al 42% en Estados Unidos. Esto mide interés, no uso efectivo, así que no hay que confundirlo con el 27% de Elon; pero confirma que la curiosidad por este tipo de vínculo ya es mayoritaria, no marginal.[^7]
De la obesidad digital al sedentarismo cognitivo
Hace una década entregábamos nuestra atención a las redes sociales: scrolleábamos, mirábamos, consumíamos. El periodista Daniel Sieberg lo llamó obesidad digital en su libro The Digital Diet (2011)[^9]: mucho consumo, pero seguía siendo algo externo a nosotros, medible en horas de uso. Lo que muestran estos datos es un fenómeno distinto, más profundo. No es que pasemos más tiempo frente a una pantalla: es que, de a poco, dejamos de ejercitar el criterio propio para tomar decisiones y formar opiniones, y se lo delegamos a un alter ego digital. Mariano Sigman y Santiago Bilinkis lo llamaron sedentarismo cognitivo en su libro Artificial[^8], y es la mejor descripción que conozco de lo que está pasando hoy.
La diferencia entre ambos conceptos no es de grado, es de naturaleza. La obesidad digital te saca tiempo. El sedentarismo cognitivo te saca una facultad, y una facultad que no se ejercita se atrofia. Por eso el 31% de los adolescentes que encuentra las conversaciones con una IA tan satisfactorias o más que con amigos reales no es solo un dato de uso: es una señal de hacia dónde se está entrenando —o dejando de entrenar— el juicio de la próxima generación.
Lo que esto significa
La «economía de la compañía» probablemente no la están ganando las apps diseñadas específicamente como novias o amigos virtuales: la están ganando, sin proponérselo, los modelos generalistas que la mayoría de nosotros usamos para trabajar. Eso cambia la pregunta que como sociedad deberíamos estar haciéndonos. No es «¿cuánta gente usa una IA compañera?», es «¿en qué momento una herramienta de productividad se convierte, sin que nadie lo decida, en alguien de quien depende nuestro criterio?».
No creo que la respuesta sea desconfiar de la tecnología. Sería como desconfiar del fuego después de aprender a cocinar con él. Creo que la respuesta es formar, desde temprano y con la misma urgencia con la que hoy enseñamos a leer, la capacidad de distinguir entre usar una herramienta y delegarle una decisión; sobre todo en los más jóvenes, que son quienes muestran, en estos datos, la relación más profunda con la IA y el criterio todavía más en formación.
Entre tanto apocalipsis anunciado, el verdadero Armagedón está en luchar por sostener nuestro pensamiento crítico frente a la tentación de sedar nuestra capacidad de decidir.
Notas
- 1.Conversación con Anna Cler, Noms Propis, RTVE Catalunya (octubre 2026).
- 2.Jonze, S. (dir.), Her (2013).
- 3.Yuval Noah Harari, declaraciones sobre IA e intimidad a escala (agosto 2026) — La Vanguardia, 30 de septiembre de 2026.
- 4.Elon University Imagining the Digital Future Center & YouGov, «The Rise of AI Companions» (septiembre 2026).
- 5.Pew Research Center, «Americans and AI 2026: Chatbots, Smart Devices and Views on Impact» (junio 2026; encuesta de campo febrero 2026).
- 6.Common Sense Media, «Talk, Trust, and Trade-offs: How and Why Teens Use AI Companions» (2025).
- 7.Stanford HAI, AI Index Report 2026, capítulo «Public Opinion».
- 8.Sigman, M. y Bilinkis, S., Artificial: la nueva inteligencia y el contorno de lo humano (2024) — origen del concepto «sedentarismo cognitivo».
- 9.Sieberg, D., The Digital Diet: The 4-Step Plan to Break Your Tech Addiction and Regain Balance in Your Life (Crown, 2011) — origen del concepto «obesidad digital».
Aníbal Carmona · Barcelona · Octubre 2026 · Fundador, Kairosia